Alejandra Sánchez Archundia
La independencia mexicana propició el aumento de impresos como la folletería durante la década de 1820. La necesidad de los grupos políticos de legitimarse fue de la mano del interés de algunos escritores anónimos (además de autores como Lizardi, Rafael Dávila y el Payo del Rosario) de preparar a los habitantes letrados y no letrados para la comprensión e incidencia en la nueva realidad, pues la formación del Estado mexicano implicaba la creación de ciudadanos y la movilización popular. Si bien en la historiografía se ha señalado que el estilo satírico de muchos de estos folletos propició sobre todo su venta, no se ha revisado con detenimiento sus particularidades, como los géneros discursivos en que se escribieron. El arraigo en la tradición literaria de versos, diálogos, catecismos, fábulas y refranes entre otros géneros discursivos conservados y trasmitidos gracias a la oralidad, nos sugiere que los folletistas los eligieron para lograr una amplia difusión y penetración de los contenidos en los lectores y oyentes. Tanto los géneros discursivos y la oralidad constituyen lo que llamamos recursos informales para la educación en la política, pues si bien no eran parte de un sistema educativo formal, brindaron bases políticas a la incipiente opinión pública.
Palabras
clave: géneros
discursivos, folletos satíricos, recursos informales, educación política, oralidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario